miércoles, 27 de diciembre de 2006

Estampida

27 de diciembre. La ciudad se va desocupando y todos migran en estampida para la costa. Cartagena y sus putitas, Cartagena y su música electrónica, Cartagena y sus drogas. Todavía no sé si me sumaré a la manada. A veces me da un arranque y quisiera meter ya los pies dentro del mar. Después me acuerdo de la señora que me ofrece la trenza, del pelao que me quiere vender ostras a toda costa. Entonces pienso que mejor quedarme acá, ver cómo lentamente se apagan las avenidas y cómo los transeúntes aparecen cada muchas cuadras, como fantasmas.
Anoche me puse a pensar en que debería dejar de fumar. Como ya aprendí cómo se dice cenicero en inglés, pude explicarle a mi amigo sueco la sensación: "my mouth is like an ashtray". Hoy no me he fumado ni un cigarrillo. Lo considero un pequeño triunfo si tengo en cuenta que ya me habría fumado medio paquete. No canto victoria. No me lo impuse como propósito de año nuevo. Sólo disfruto que hoy, 27 de diciembre a las doce y cuarenta del día, no me he fumado un sólo cigarrillo.
Tal vez pueda pedirle a mi amigo sueco que me regale una pequeña dosis de tabaco. Ese que se pone en las encías. Así puedo abandonar el hábito y luego la adicción a la sustancia.
O tal vez, sólo tal vez, pueda reemplazarlo por un vicio menor...

2 comentarios:

el especialista sexto dijo...

No deje de fumar. Súmele un vicio mayor a los que ya tiene. Quédese en la ciudad a ver fantasmas. Espere a que el mar se limpie del sudor y las angustias que le llevan por esta época y luego sí vaya, meta los pies y fúmese un cigarro despacio y ahí se va a dar cuenta por qué vale la pena esperar y no dejar de fumar.

María Antonia García de la Torre dijo...

Fumare per dimenticare...