Creo que todos hemos sucumbido, tarde o temprano, en la tentación de pasar por Gótica cuando ya todos los bares han cerrado. Yo había evitado ese lugar desde que una amiga terminó en el Country con una cortada en el ojo. No había hecho nada, su pecado fue estar en el momento y en el lugar equivocado. Lugares como éste, en los que siempre hay una balacera potencial, reflejan una sociedad belicosa pero también lo poco que nos importa despertar bien al día siguiente.
Hace unos días pasé por ahí y entré después de requisas y pesquisas varias. Por qué arriesgar la vida por un par de horas de rumba? Por qué aguantar que un traqueto te ofrezca un trago y te mire el escote sin que puedas hacer nada al respecto?
Siempre oigo a mis amigos decir que Gótica es una mamera por los traquetos. Mi pregunta es: ¿Por qué los dejan entrar? Se pasean con sus ínfulas de macho men, armados y dispuestos a "quebrar" a todo aquel que se atraviese en su camino. Pero, como suele decirse en estos casos, "such is life in the fuckin' tropics".
martes, 26 de diciembre de 2006
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