martes, 26 de diciembre de 2006

Vallenatos (2)

El segundo post de este blog, era sobre una carta que mandaron a El Espectador a propósito de mi columna "El señor matanza" (http://magdelatorre.newsvine.com/_news/ 2006/11/28/460209-el-seor-matanza-el-espectador).
En resumen, yo denunciaba que estaba circulando una canción de los Hermanos Zuleta en la que vitoreaban a los paras. En la carta, me decían que no era cierto, para luego darme la razón.
Mi respuesta a esta polémica, la pueden leer a continuación, para que se diviertan como yo, con esta reyerta inesperada y pintoresca:

--------Vallenatos (2). El Espectador---------

El norte y el sur de Italia se odian de muerte. Uno de los partidos políticos más fuertes del norte, la Lega Nord, abandera la iniciativa de partir el país en dos, a fin de dejar de mantener con sus impuestos a los terroni (campeches) del sur. Mafia, pereza, delincuencia: esa es la imagen que se impone en Trento, en Bolonia, de Sicilia y Nápoles. No es novedad que un país se divida por regionalismos. Nuestra nación tiene sus propias inapetencias locales: los de Antioquia con los del interior, los de Barranquilla con los de Cartagena (hasta les tocó bautizar “Cordialidad” a la carretera que los une para limar asperezas).

Este argumento fue el que utilizó María Consuelo Araújo cuando la cuestionaron por seguir de canciller a pesar del proceso del que son protagonistas sus hermanos. Denunciaba ataques discriminatorios por parte de los políticos del interior, por ser ella una mujer vallenata. Porque, claro, en medio de las reyertas de costeños, paisas, cachacos y demás, ser vallenato se ha erigido como motivo de orgullo.

El Festival Vallenato, por ejemplo, fue prioridad para Consuelo Araújo, denigrando manifestaciones culturales “foráneas” como Jazz al Parque y el Festival Internacional de Teatro. Esta idolatría por el vallenato ha caído en extremos insospechados como apoyar a un cantante a pesar de ser acusado de asesinato o defender a un grupo no obstante vitorear a los paras. Me refiero en particular a una carta a propósito de mi columna “El señor matanza”, publicada por El Espectador en la semana del 26 de noviembre al 2 de diciembre. Allí menciono una canción de los Hermanos Zuleta dedicada a los ‘paras’. La carta que contradice mis afirmaciones, publicada en “Cartas de los lectores” de este periódico, defiende a este grupo vallenato y hace una serie de críticas que respondo, con el mayor gusto.

El autor me acusa de inventar que ese grupo vallenato saludó a los ‘paras’ en una canción y luego acepta que sí fue así. Ésta es una de las tantas acusaciones, indignado por mencionar a los Zuleta y por relacionarlos con los ‘paras’. Como él mismo lo dice, sí saludaron a los ‘paras’, y esto evidencia la permisividad en la costa en la materia: “Estoy seguro de que (…) algún duro se acercó a la tarima y le dijo a Poncho que (…) saludara a los ‘paracos’. Afortunadamente, Poncho no es pendejo y así lo hizo”. Si los obligaron o no a decirlo, si fue una grabación pirata o fue legal, si fueron balazos o ráfaga de ametralladora, lo cierto es que lo dijeron y la canción está circulando.

La costa debe aceptar, tarde o temprano, que está dominada por grupos al margen de la ley. No pretendo, como dice el autor de la carta, “desacreditar” a ultranza a los vallenatos. Es una verdad que se cae por su peso, no porque lo diga un periodista del interior, no porque me interese particularmente alimentar las diferencias regionales en Colombia. Más interesante sería una réplica a mis afirmaciones, despojada de complejos autoimpostados, basada en argumentos de peso, donde, ojalá, no termine contradiciéndose, a fin de alimentar el debate, única razón de ser del periodismo. Los ataques personales, como ocurre entre polentoni y terroni en Italia, empobrecen la posibilidad de cambiar ideas entre dos individuos –no a favor de los ‘paras’, de la guerrilla o del Gobierno–, sino en contra de todo aquello que amenace la libertad de expresión en un país sitiado como Colombia.

María Antonia García de la Torre. Bogotá.

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