lunes, 18 de diciembre de 2006

Nieve

La semana pasada empecé a leer Nieve. La compré en Tower y pensé en reseñarla para un periódico de la costa. Me gusta mucho ese periódico y tengo un amigo que trabaja ahí que de vez en cuando me manda saluditos virtuales. Es probable que lo vea este fin de año y que nos tomemos un par de guisquicitos frente al mar. Pero me fui por las ramas -como Cosimo, el baroncito rampante de Calvino-. Estaba hablando de esta novela del ganador turco del Nobel. Me ha costado cogerle el ritmo, no al texto en sí, sino al hecho de abordar una novela entera. Ya me había acostumbrado a las lecturas breves y concisas de los periódicos. Y, debo confesar que volver a la literatura después de un año de ausencia, ha sido relajante.
Quisiera evitar los clisés -me ha llenado el alma, he reencontrado el sentido de la vida- porque no es tan así y porque los libros no le cambian a uno el sentido de nada. Yo creo que los libros son como los bonus de Mario Bross: si los utilizas, tienes más moneditas, pero si no, igual te alcanza el tiempo para pasar al otro mundo. La gente no se muere porque no lea, de hecho, la gente más feliz que he conocido, no ha pasado de un Cohelo mal leído. En mi caso, leo porque me divierte más que jugar cacho o poker (claro, hasta que aprenda bien a jugar, entonces mi discurso se irá al demonio).
Esta novela en particular, me ha parecido muy interesante porque hay guiños permanentes del narrador: sabe que escribe desde el medio oriente para un público occidental. Entonces, todo está centrado en las diferencias, más que en las similitudes. Inmersos en esa realidad paralela, en esa otra cara de la moneda, se entiende la razón de ser del fundamentalismo, sin llegar a justificarlo y se descubre el rostro de ese mundo tan abstracto y tan desdibujado por nuestros propios dogmas católicos.
Y no sigo, porque entonces termino haciendo la reseña acá y prefiero que salga en un espacio remunerado ;)

Adiosito.

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