Anoche, entre una carambola y otra en La Latina, empecé a hablar con una amiga. Después de un rato, se acabó la música y fue hora de partir. Terminamos en la casa de ella, con otros cuatro amigos, todos sentados en el comedor conversando hasta que dieron las siete de la mañana. Uno de los "comensales", oriundo de Bogotá pero radicado en Buenos Aires, se postuló para la alcaldía. Dijo que prometía que todos los buses pararían en los paraderos y que organizaría el gremio de transportadores de tal manera que el viaje en bus fuera menos tortuoso. El candidato a la alcaldía abandonó la empresa de postularse tan pronto le recordé lo peligroso que es enfrentarse con el ghetto de taxistas y buseteros. Antes de que acabara su entusiasmo, imaginamos cómo habrán planeado el sistema de transportes en Bogotá:
1. El bus para donde el pasajero quiere, al recogerlo, pero al dejarlo, para donde el bus quiere (si está cerca de un semáforo en amarillo, el pasajero deberá bajarse unas cinco cuadras más adelante).
2. Los paraderos son lugares óptimos para guarecerse de la lluvia mientras llega el bus que uno necesita. Por desgracia, suele ocurrir que la anciana de al lado pare el bus que no nos sirve y, mientras tanto, el bus que queríamos parar, pasa de largo.
3. Para evitar la fatiga de memorizar una ruta y asociarla con un número, se ponen unos letreros sicodélicos en el vidrio panorámico del bus, de manera que el peatón debe tener la velocidad necesaria para leer la ruta (las carreras por las que pasa, las calles en las que se desvía, los barrios hasta los que el bus llega) y luego estirar el brazo para que se detenga.
4. El sistema de buses funciona como una jerga incomprensible para un extranjero. Si, supongamos, ya sabe que la ciudad es una cuadrícula de calles y carreras, quedará totalmente desubicado al leer que las busetas van para "Roma", "Venecia" y demás.
5. Todos los buses llevarán un letrero en la parte trasera que les recuerda lo que nunca practican: No llevar pasajeros de pie.
6. En el bus será imposible hablar por celular o utilizar el ipod, debido al volumen discotequero del radio del señor conductor. Por lo general, sintonizan candela estéreo y tropicana.
7. El bus es, también, un mercado persa. En un trayecto de unas diez cuadras pueden subirse cuatro ex convictos, tres enfermos terminales de cáncer, dos vendedores de chocobréi y una banda de tres niños con un parlante y un micrófono cantando rancheras.
8. Para subirse al bus, es importante coordinar los movimientos con la caja de cambios. El pasajero se sube y el bus arranca como si su acelerador pasara de cero a cien kilómetros en dos segundos. Tiene que agarrarse fuerte hasta que cambie a segunda. El remezón lo empujará por la registradora donde, seguramente, quedará atascado su maletín o cartera. Posterior a este movimiento, debe pagarle en un gesto acrobático. finalmente, recibirá el cambio y tendrá que desplazarse tratando de seguir el swing de la caja de cambios y los frenazos cada vez que otro transeúnte, a su vez, detiene el bus.
Será que existe un manual como éste?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario