desde hace varios meses he tratado de abrir un blog y de alimentarlo con cierta periodicidad. Pero, claro, después de un tiempo lo abandono -porque me parece muy malo o porque simplemente no tengo la constancia y la dedicación de escribir a diario-.
Y claro, como suele suceder, como le está sucediendo a todos los neobloggers, lo primero que se le ocurre a uno es hablar sobre su propia vida. No hay nada más seductor que contarle a una manada de desconocidos detalles de la vida privada que no le cuenta uno ni a los hermanos.
En este momento, estoy en un café internet de la 60 con 7 y es muuy temprano, son como las nueve y media. Llamé a una vieja de una editorial. Dice que necesita un traductor del inglés al español para una colección de arte. Pagan bien. Yo, claramente, la llamé con el tonito de "sí, me encantaría", pero me parece una jartera.
La señora parece ser muy pero muy gorda, con papada colgante cual pavo y maneras de mecánico. Me divierte verla tan sentada en su pequeño poder con su grandísimo trasero.
Por otro lado, me acabo de enterar de que publicaron una carta en un periódico para el que suelo escribir, criticando un artículo que mandé hace como un mes. La transcribo a continuación para vuestro deleite:
"Vallenato y paramilitares
Resulta ahora que según la señora María Antonia García de la Torre (El Espectador, semana del 26 de noviembre al 2 de diciembre), el fenómeno del paramilitarismo retrata una realidad inocultable del Caribe colombiano. El país conoce muy bien que el paramilitarismo no nació en la Costa Caribe colombiana; por el contrario, todos conocemos hasta la saciedad quiénes fueron los “ideólogos” e impulsadores de ese engendro del demonio.
No acierta ni media la columnista. Es una solemne mentira que no busca sino desacreditar y difundir una imagen negativa de unos artistas que son amados y respetados por todo un pueblo, cuando afirma que en una canción de los Hermanos Zuleta se echan vivas a los paramilitares. La reto a que diga el nombre de esa canción y de la casa disquera que la grabó.
Como sé que no me va a contestar, yo sí quiero contarle al país el desafortunado episodio en el que se vieron involucrados Poncho y Emilianito. No existe ninguna canción ni ninguna grabación legal. Hace unos tres años, les correspondió hacer una presentación en una caseta popular por allá en Astrea, un recóndito pueblo del Cesar. Avanzada la noche, se pusieron a “piqueriar” o a “contrapuntiar”, como lo hacen los llaneros a ritmo de arpa, cuatro y capachos o los antioqueños con sus famosas trovas. Poncho le echaba vainas a Emilianito y éste le contestaba con la misma moneda. Son 15 estrofas con la música de Debajo del palo de mango, y en ninguno de los versos hacen la más mínima alusión a los paracos. El tema de la piquería era que Emilianito, hermano mayor, reconocía que cuando la muchacha es nueva le toca ayudarse con unas pastillitas (viagra); mientras que Poncho, como pollino en celo, se jactaba de su virilidad y decía que a él le bastaba con comerse un guineo maduro.
Total, que antes de iniciar la competencia, se escuchan no unos balazos, como dice la señora García de la Torre, sino tres ráfagas de una ametralladora UZI y en seguida de las ráfagas, Poncho dice: “Nojoda, viva la tierra paramilitar, vivan los paracos”. Alguien grabó las ráfagas y la piquería, sacando un CD pirata que armó cipote alharaca. Poncho, apenado y sintiéndose muy mal, llegó hasta autodesconocerse y a decir que esa no era su voz, cosa que ni siquiera la señora García, una completa ignorante en materia de vallenato y de la realidad sociopolítica del país, le creyó.
Estoy seguro de que en ese pueblito en donde quienes mandaban y mandan son los que sabemos, algún duro se acercó a la tarima y le dijo a Poncho que el Patrón le mandaba a decir que saludara a los paracos. Afortunadamente, Poncho no es pendejo y así lo hizo. Gracias a Dios que fueron inteligentes porque de lo contrario, hoy estaríamos celebrando el Grammy In memoriam".
Me parece tres cosas:
1. Me termina dando la razón.
2. Yo no digo que el fenómeno paramilitar nazca en la costa, digo que cuenta con la complicidad de muchos habitantes del caribe.
3. Como dice por ahí un querido amigo dueño de una revista cultural: "Que hablen bien de uno o que hablen mal, pero que hablen!"
La verdad, tuve la tentación de responderle pero creo que no vale la pena. Ya lo que dije lo dije, y que juzgue mi amada fanaticada (conformada por Kyoto, el perro de mi finca y por el reno de peluche que Orrantia me regaló de navidad).
Yo asumo esa carta como un regalo de navidad, como el grito de un fan que clama por comentar mis columnas y por hacerme saber que me lee y que se documenta para responder a mis afirmaciones. Gracias! querido desconocido!
lunes, 18 de diciembre de 2006
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