Hace ya varios años que espero el año nuevo con cierta desesperación. Sólo puedo compraralo, tal vez, a esas noches de insomnio en las que queda sólo un cigarrillo y muchas horas mirando al techo. Antes, ya saben, existía la tranquilidad de vivir con los padres, de que todo estuviera asegurado hasta en el menor detalle. Pero ahora, el fin de año es un gran desespero, porque, claro, a todo el mundo le importa un comino si uno necesita un café internet, si tiene que salir a comprar cosas (comida, cigarrillos). La ciudad, esta maldita Bogotá, se paraliza como si fuera víctima de un invierno sueco. Nada se mueve. Todos los locales han migrado como aves rapaces al Caribe. Se aglomeran en las calles, hacinados.
Me gusta Bogotá así, no sé por qué pero me recuerda esa ciudad gris de Momo, con unos señores misteriosísimos paseando por ahí, en medio de la nada.
Pero quiero irme.
viernes, 29 de diciembre de 2006
jueves, 28 de diciembre de 2006
La lengua en el piercing
Saliendo ayer de Goa, me dijo Xpectro que somos una sociedad tribal. Ha vuelto la necesidad de incrustarnos trozos de metal en el cuerpo. Ha vuelto el deseo de marcar la piel con tintas de colores. Siempre me acuerdo de un documental que vi en natgeo, de una tribu africana donde hay una especie de Mister Universe. Los hombres se pintan la nariz con una tinta blanca y abren los ojos: mientras más blanco se vea, más sexy es.
Los piercings y tatuajes, en mayor y en menor tamaño y cantidad,parecieran representar un ritual de aceptación dentro de un grupo social. Y, claro, además del contenido sexual y fashionista (como dicen los chicanos de Mtv).
¿Por qué hacerse un piercing? Preguntan los escépticos que ponen cara de amarguísimo cuando lo ven. Pues, ¿Por qué bañarse?, ¿Por qué lavarse los dientes? ¿por qué el perfume? Como si no fuéramos artificio en todas las facetas de nuestra vida. Pero claro, no sobra el escandalizado que condena todo artificio: tal vez prefiera andar por ahí en taparrabos. Lo que tal vez no le guste saber es que, justamente, los grupos humanos más "despojados" de artificio, son aquellos que más intervienen su cuerpo. Lo tatúan, lo rasgan, lo perforan, lo deforman. Así que, ¿qué prefieres?
Los piercings y tatuajes, en mayor y en menor tamaño y cantidad,parecieran representar un ritual de aceptación dentro de un grupo social. Y, claro, además del contenido sexual y fashionista (como dicen los chicanos de Mtv).
¿Por qué hacerse un piercing? Preguntan los escépticos que ponen cara de amarguísimo cuando lo ven. Pues, ¿Por qué bañarse?, ¿Por qué lavarse los dientes? ¿por qué el perfume? Como si no fuéramos artificio en todas las facetas de nuestra vida. Pero claro, no sobra el escandalizado que condena todo artificio: tal vez prefiera andar por ahí en taparrabos. Lo que tal vez no le guste saber es que, justamente, los grupos humanos más "despojados" de artificio, son aquellos que más intervienen su cuerpo. Lo tatúan, lo rasgan, lo perforan, lo deforman. Así que, ¿qué prefieres?
miércoles, 27 de diciembre de 2006
Golpes con fémur de mamut
Cada vez que un amigo mío se cuadra, aparece ante mí la imagen de los aborígenes australianos. Sí, el nexo no es evidente a primera vista, pero lo digo porque parece como si empezara un ritual absurdo, una especie de tránsito de la adolescencia a la adultez, pero en este caso, un paso de la soltería al noviazgo. Los comportamientos mutan de manera absurda, como cuando un aborigen tiene que cortarse la cara para que los otros en la tribu lo respeten. Uno de estos rituales absurdos, consiste en que deja de ser mi amigo mientras tenga a una chica a su lado. Sencillo: los hombres cuadrados no pueden tener amigas. Ya me ha pasado más de una vez, y me siento viendo NatGeo. "La hembra defiende su nido de manera salvaje. Cualquier ser viviente que se aproxime a su macho, es aniquilado con sus garras afiladas".
Este comportamiento me produce dos sentimientos contradictorios. Por un lado, me da tristeza porque mi amigo entra en una especie de "año sabático", y no puedo verlo. Por otro, me parece el comportamiento más divertido de todos. Nos recuerda que no estamos tan lejos de lo primitivo, de lo irracional.
En este momento, recuperé dos amigos que acaban de terminar con sus novias, y perdí tres. Sólo espero que las "celosas" se den cuenta, al menos, de lo divertidas que se ven.
Si estuviéramos en la edad de piedra, las tres estarían persiguiéndome con fémures de mamut en la mano. Menos mal que ahora expresan su territorialidad sólo con miraditas displicentes. Mucho menos nocivo, naturalmente.
Este comportamiento me produce dos sentimientos contradictorios. Por un lado, me da tristeza porque mi amigo entra en una especie de "año sabático", y no puedo verlo. Por otro, me parece el comportamiento más divertido de todos. Nos recuerda que no estamos tan lejos de lo primitivo, de lo irracional.
En este momento, recuperé dos amigos que acaban de terminar con sus novias, y perdí tres. Sólo espero que las "celosas" se den cuenta, al menos, de lo divertidas que se ven.
Si estuviéramos en la edad de piedra, las tres estarían persiguiéndome con fémures de mamut en la mano. Menos mal que ahora expresan su territorialidad sólo con miraditas displicentes. Mucho menos nocivo, naturalmente.
Estampida
27 de diciembre. La ciudad se va desocupando y todos migran en estampida para la costa. Cartagena y sus putitas, Cartagena y su música electrónica, Cartagena y sus drogas. Todavía no sé si me sumaré a la manada. A veces me da un arranque y quisiera meter ya los pies dentro del mar. Después me acuerdo de la señora que me ofrece la trenza, del pelao que me quiere vender ostras a toda costa. Entonces pienso que mejor quedarme acá, ver cómo lentamente se apagan las avenidas y cómo los transeúntes aparecen cada muchas cuadras, como fantasmas.
Anoche me puse a pensar en que debería dejar de fumar. Como ya aprendí cómo se dice cenicero en inglés, pude explicarle a mi amigo sueco la sensación: "my mouth is like an ashtray". Hoy no me he fumado ni un cigarrillo. Lo considero un pequeño triunfo si tengo en cuenta que ya me habría fumado medio paquete. No canto victoria. No me lo impuse como propósito de año nuevo. Sólo disfruto que hoy, 27 de diciembre a las doce y cuarenta del día, no me he fumado un sólo cigarrillo.
Tal vez pueda pedirle a mi amigo sueco que me regale una pequeña dosis de tabaco. Ese que se pone en las encías. Así puedo abandonar el hábito y luego la adicción a la sustancia.
O tal vez, sólo tal vez, pueda reemplazarlo por un vicio menor...
Anoche me puse a pensar en que debería dejar de fumar. Como ya aprendí cómo se dice cenicero en inglés, pude explicarle a mi amigo sueco la sensación: "my mouth is like an ashtray". Hoy no me he fumado ni un cigarrillo. Lo considero un pequeño triunfo si tengo en cuenta que ya me habría fumado medio paquete. No canto victoria. No me lo impuse como propósito de año nuevo. Sólo disfruto que hoy, 27 de diciembre a las doce y cuarenta del día, no me he fumado un sólo cigarrillo.
Tal vez pueda pedirle a mi amigo sueco que me regale una pequeña dosis de tabaco. Ese que se pone en las encías. Así puedo abandonar el hábito y luego la adicción a la sustancia.
O tal vez, sólo tal vez, pueda reemplazarlo por un vicio menor...
martes, 26 de diciembre de 2006
Vallenatos (2)
El segundo post de este blog, era sobre una carta que mandaron a El Espectador a propósito de mi columna "El señor matanza" (http://magdelatorre.newsvine.com/_news/ 2006/11/28/460209-el-seor-matanza-el-espectador).
En resumen, yo denunciaba que estaba circulando una canción de los Hermanos Zuleta en la que vitoreaban a los paras. En la carta, me decían que no era cierto, para luego darme la razón.
Mi respuesta a esta polémica, la pueden leer a continuación, para que se diviertan como yo, con esta reyerta inesperada y pintoresca:
--------Vallenatos (2). El Espectador---------
El norte y el sur de Italia se odian de muerte. Uno de los partidos políticos más fuertes del norte, la Lega Nord, abandera la iniciativa de partir el país en dos, a fin de dejar de mantener con sus impuestos a los terroni (campeches) del sur. Mafia, pereza, delincuencia: esa es la imagen que se impone en Trento, en Bolonia, de Sicilia y Nápoles. No es novedad que un país se divida por regionalismos. Nuestra nación tiene sus propias inapetencias locales: los de Antioquia con los del interior, los de Barranquilla con los de Cartagena (hasta les tocó bautizar “Cordialidad” a la carretera que los une para limar asperezas).
Este argumento fue el que utilizó María Consuelo Araújo cuando la cuestionaron por seguir de canciller a pesar del proceso del que son protagonistas sus hermanos. Denunciaba ataques discriminatorios por parte de los políticos del interior, por ser ella una mujer vallenata. Porque, claro, en medio de las reyertas de costeños, paisas, cachacos y demás, ser vallenato se ha erigido como motivo de orgullo.
El Festival Vallenato, por ejemplo, fue prioridad para Consuelo Araújo, denigrando manifestaciones culturales “foráneas” como Jazz al Parque y el Festival Internacional de Teatro. Esta idolatría por el vallenato ha caído en extremos insospechados como apoyar a un cantante a pesar de ser acusado de asesinato o defender a un grupo no obstante vitorear a los paras. Me refiero en particular a una carta a propósito de mi columna “El señor matanza”, publicada por El Espectador en la semana del 26 de noviembre al 2 de diciembre. Allí menciono una canción de los Hermanos Zuleta dedicada a los ‘paras’. La carta que contradice mis afirmaciones, publicada en “Cartas de los lectores” de este periódico, defiende a este grupo vallenato y hace una serie de críticas que respondo, con el mayor gusto.
El autor me acusa de inventar que ese grupo vallenato saludó a los ‘paras’ en una canción y luego acepta que sí fue así. Ésta es una de las tantas acusaciones, indignado por mencionar a los Zuleta y por relacionarlos con los ‘paras’. Como él mismo lo dice, sí saludaron a los ‘paras’, y esto evidencia la permisividad en la costa en la materia: “Estoy seguro de que (…) algún duro se acercó a la tarima y le dijo a Poncho que (…) saludara a los ‘paracos’. Afortunadamente, Poncho no es pendejo y así lo hizo”. Si los obligaron o no a decirlo, si fue una grabación pirata o fue legal, si fueron balazos o ráfaga de ametralladora, lo cierto es que lo dijeron y la canción está circulando.
La costa debe aceptar, tarde o temprano, que está dominada por grupos al margen de la ley. No pretendo, como dice el autor de la carta, “desacreditar” a ultranza a los vallenatos. Es una verdad que se cae por su peso, no porque lo diga un periodista del interior, no porque me interese particularmente alimentar las diferencias regionales en Colombia. Más interesante sería una réplica a mis afirmaciones, despojada de complejos autoimpostados, basada en argumentos de peso, donde, ojalá, no termine contradiciéndose, a fin de alimentar el debate, única razón de ser del periodismo. Los ataques personales, como ocurre entre polentoni y terroni en Italia, empobrecen la posibilidad de cambiar ideas entre dos individuos –no a favor de los ‘paras’, de la guerrilla o del Gobierno–, sino en contra de todo aquello que amenace la libertad de expresión en un país sitiado como Colombia.
María Antonia García de la Torre. Bogotá.
En resumen, yo denunciaba que estaba circulando una canción de los Hermanos Zuleta en la que vitoreaban a los paras. En la carta, me decían que no era cierto, para luego darme la razón.
Mi respuesta a esta polémica, la pueden leer a continuación, para que se diviertan como yo, con esta reyerta inesperada y pintoresca:
--------Vallenatos (2). El Espectador---------
El norte y el sur de Italia se odian de muerte. Uno de los partidos políticos más fuertes del norte, la Lega Nord, abandera la iniciativa de partir el país en dos, a fin de dejar de mantener con sus impuestos a los terroni (campeches) del sur. Mafia, pereza, delincuencia: esa es la imagen que se impone en Trento, en Bolonia, de Sicilia y Nápoles. No es novedad que un país se divida por regionalismos. Nuestra nación tiene sus propias inapetencias locales: los de Antioquia con los del interior, los de Barranquilla con los de Cartagena (hasta les tocó bautizar “Cordialidad” a la carretera que los une para limar asperezas).
Este argumento fue el que utilizó María Consuelo Araújo cuando la cuestionaron por seguir de canciller a pesar del proceso del que son protagonistas sus hermanos. Denunciaba ataques discriminatorios por parte de los políticos del interior, por ser ella una mujer vallenata. Porque, claro, en medio de las reyertas de costeños, paisas, cachacos y demás, ser vallenato se ha erigido como motivo de orgullo.
El Festival Vallenato, por ejemplo, fue prioridad para Consuelo Araújo, denigrando manifestaciones culturales “foráneas” como Jazz al Parque y el Festival Internacional de Teatro. Esta idolatría por el vallenato ha caído en extremos insospechados como apoyar a un cantante a pesar de ser acusado de asesinato o defender a un grupo no obstante vitorear a los paras. Me refiero en particular a una carta a propósito de mi columna “El señor matanza”, publicada por El Espectador en la semana del 26 de noviembre al 2 de diciembre. Allí menciono una canción de los Hermanos Zuleta dedicada a los ‘paras’. La carta que contradice mis afirmaciones, publicada en “Cartas de los lectores” de este periódico, defiende a este grupo vallenato y hace una serie de críticas que respondo, con el mayor gusto.
El autor me acusa de inventar que ese grupo vallenato saludó a los ‘paras’ en una canción y luego acepta que sí fue así. Ésta es una de las tantas acusaciones, indignado por mencionar a los Zuleta y por relacionarlos con los ‘paras’. Como él mismo lo dice, sí saludaron a los ‘paras’, y esto evidencia la permisividad en la costa en la materia: “Estoy seguro de que (…) algún duro se acercó a la tarima y le dijo a Poncho que (…) saludara a los ‘paracos’. Afortunadamente, Poncho no es pendejo y así lo hizo”. Si los obligaron o no a decirlo, si fue una grabación pirata o fue legal, si fueron balazos o ráfaga de ametralladora, lo cierto es que lo dijeron y la canción está circulando.
La costa debe aceptar, tarde o temprano, que está dominada por grupos al margen de la ley. No pretendo, como dice el autor de la carta, “desacreditar” a ultranza a los vallenatos. Es una verdad que se cae por su peso, no porque lo diga un periodista del interior, no porque me interese particularmente alimentar las diferencias regionales en Colombia. Más interesante sería una réplica a mis afirmaciones, despojada de complejos autoimpostados, basada en argumentos de peso, donde, ojalá, no termine contradiciéndose, a fin de alimentar el debate, única razón de ser del periodismo. Los ataques personales, como ocurre entre polentoni y terroni en Italia, empobrecen la posibilidad de cambiar ideas entre dos individuos –no a favor de los ‘paras’, de la guerrilla o del Gobierno–, sino en contra de todo aquello que amenace la libertad de expresión en un país sitiado como Colombia.
María Antonia García de la Torre. Bogotá.
El inevitable
Creo que todos hemos sucumbido, tarde o temprano, en la tentación de pasar por Gótica cuando ya todos los bares han cerrado. Yo había evitado ese lugar desde que una amiga terminó en el Country con una cortada en el ojo. No había hecho nada, su pecado fue estar en el momento y en el lugar equivocado. Lugares como éste, en los que siempre hay una balacera potencial, reflejan una sociedad belicosa pero también lo poco que nos importa despertar bien al día siguiente.
Hace unos días pasé por ahí y entré después de requisas y pesquisas varias. Por qué arriesgar la vida por un par de horas de rumba? Por qué aguantar que un traqueto te ofrezca un trago y te mire el escote sin que puedas hacer nada al respecto?
Siempre oigo a mis amigos decir que Gótica es una mamera por los traquetos. Mi pregunta es: ¿Por qué los dejan entrar? Se pasean con sus ínfulas de macho men, armados y dispuestos a "quebrar" a todo aquel que se atraviese en su camino. Pero, como suele decirse en estos casos, "such is life in the fuckin' tropics".
Hace unos días pasé por ahí y entré después de requisas y pesquisas varias. Por qué arriesgar la vida por un par de horas de rumba? Por qué aguantar que un traqueto te ofrezca un trago y te mire el escote sin que puedas hacer nada al respecto?
Siempre oigo a mis amigos decir que Gótica es una mamera por los traquetos. Mi pregunta es: ¿Por qué los dejan entrar? Se pasean con sus ínfulas de macho men, armados y dispuestos a "quebrar" a todo aquel que se atraviese en su camino. Pero, como suele decirse en estos casos, "such is life in the fuckin' tropics".
viernes, 22 de diciembre de 2006
El señor alcalde
Anoche, entre una carambola y otra en La Latina, empecé a hablar con una amiga. Después de un rato, se acabó la música y fue hora de partir. Terminamos en la casa de ella, con otros cuatro amigos, todos sentados en el comedor conversando hasta que dieron las siete de la mañana. Uno de los "comensales", oriundo de Bogotá pero radicado en Buenos Aires, se postuló para la alcaldía. Dijo que prometía que todos los buses pararían en los paraderos y que organizaría el gremio de transportadores de tal manera que el viaje en bus fuera menos tortuoso. El candidato a la alcaldía abandonó la empresa de postularse tan pronto le recordé lo peligroso que es enfrentarse con el ghetto de taxistas y buseteros. Antes de que acabara su entusiasmo, imaginamos cómo habrán planeado el sistema de transportes en Bogotá:
1. El bus para donde el pasajero quiere, al recogerlo, pero al dejarlo, para donde el bus quiere (si está cerca de un semáforo en amarillo, el pasajero deberá bajarse unas cinco cuadras más adelante).
2. Los paraderos son lugares óptimos para guarecerse de la lluvia mientras llega el bus que uno necesita. Por desgracia, suele ocurrir que la anciana de al lado pare el bus que no nos sirve y, mientras tanto, el bus que queríamos parar, pasa de largo.
3. Para evitar la fatiga de memorizar una ruta y asociarla con un número, se ponen unos letreros sicodélicos en el vidrio panorámico del bus, de manera que el peatón debe tener la velocidad necesaria para leer la ruta (las carreras por las que pasa, las calles en las que se desvía, los barrios hasta los que el bus llega) y luego estirar el brazo para que se detenga.
4. El sistema de buses funciona como una jerga incomprensible para un extranjero. Si, supongamos, ya sabe que la ciudad es una cuadrícula de calles y carreras, quedará totalmente desubicado al leer que las busetas van para "Roma", "Venecia" y demás.
5. Todos los buses llevarán un letrero en la parte trasera que les recuerda lo que nunca practican: No llevar pasajeros de pie.
6. En el bus será imposible hablar por celular o utilizar el ipod, debido al volumen discotequero del radio del señor conductor. Por lo general, sintonizan candela estéreo y tropicana.
7. El bus es, también, un mercado persa. En un trayecto de unas diez cuadras pueden subirse cuatro ex convictos, tres enfermos terminales de cáncer, dos vendedores de chocobréi y una banda de tres niños con un parlante y un micrófono cantando rancheras.
8. Para subirse al bus, es importante coordinar los movimientos con la caja de cambios. El pasajero se sube y el bus arranca como si su acelerador pasara de cero a cien kilómetros en dos segundos. Tiene que agarrarse fuerte hasta que cambie a segunda. El remezón lo empujará por la registradora donde, seguramente, quedará atascado su maletín o cartera. Posterior a este movimiento, debe pagarle en un gesto acrobático. finalmente, recibirá el cambio y tendrá que desplazarse tratando de seguir el swing de la caja de cambios y los frenazos cada vez que otro transeúnte, a su vez, detiene el bus.
Será que existe un manual como éste?
1. El bus para donde el pasajero quiere, al recogerlo, pero al dejarlo, para donde el bus quiere (si está cerca de un semáforo en amarillo, el pasajero deberá bajarse unas cinco cuadras más adelante).
2. Los paraderos son lugares óptimos para guarecerse de la lluvia mientras llega el bus que uno necesita. Por desgracia, suele ocurrir que la anciana de al lado pare el bus que no nos sirve y, mientras tanto, el bus que queríamos parar, pasa de largo.
3. Para evitar la fatiga de memorizar una ruta y asociarla con un número, se ponen unos letreros sicodélicos en el vidrio panorámico del bus, de manera que el peatón debe tener la velocidad necesaria para leer la ruta (las carreras por las que pasa, las calles en las que se desvía, los barrios hasta los que el bus llega) y luego estirar el brazo para que se detenga.
4. El sistema de buses funciona como una jerga incomprensible para un extranjero. Si, supongamos, ya sabe que la ciudad es una cuadrícula de calles y carreras, quedará totalmente desubicado al leer que las busetas van para "Roma", "Venecia" y demás.
5. Todos los buses llevarán un letrero en la parte trasera que les recuerda lo que nunca practican: No llevar pasajeros de pie.
6. En el bus será imposible hablar por celular o utilizar el ipod, debido al volumen discotequero del radio del señor conductor. Por lo general, sintonizan candela estéreo y tropicana.
7. El bus es, también, un mercado persa. En un trayecto de unas diez cuadras pueden subirse cuatro ex convictos, tres enfermos terminales de cáncer, dos vendedores de chocobréi y una banda de tres niños con un parlante y un micrófono cantando rancheras.
8. Para subirse al bus, es importante coordinar los movimientos con la caja de cambios. El pasajero se sube y el bus arranca como si su acelerador pasara de cero a cien kilómetros en dos segundos. Tiene que agarrarse fuerte hasta que cambie a segunda. El remezón lo empujará por la registradora donde, seguramente, quedará atascado su maletín o cartera. Posterior a este movimiento, debe pagarle en un gesto acrobático. finalmente, recibirá el cambio y tendrá que desplazarse tratando de seguir el swing de la caja de cambios y los frenazos cada vez que otro transeúnte, a su vez, detiene el bus.
Será que existe un manual como éste?
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Bogotá Buses Caos
miércoles, 20 de diciembre de 2006
De paseo perdidos
Ayer, como había anticipado, fui a Yerbamala, les eché las últimas malas vibras y partí sin dolor. Paco me había acompañado y lo cogió el pico y placa en plena sabana cundiboyacacuna.Para "matar" el tiempo, nos compramos un traguito ligero: una botella de Absolut y dos seven ups. Después de mi paso por la yerba que nunca muere, empezamos a recorrer todas las carreteras equivocadas -o al menos eso me hacía creer Paquito-. Para amilanar mi malestar por haber ido al manicomio, había ideado un plan sorpresa. Unos cuantos drinks después (varios de los cuales quedaron en el piso del carro), entramos por una carretera secundaria, despavimentada. De esas que no salen en el mapa.
Estábamos en un punto entre Chía, Guatavita y La Calera, fue la conclusión a la que llegamos. Por decirlo de manera cruda y realista: estábamos perdidos. Pero claro, después de unas cuantas vueltas, llegamos a un paraje pintoresco e inesperado: las termales de guasca. Y, ¿Quién dijo miedo?.
En breve estábamos en estampida en busca del chingue perdido: encontramos, en una tienda con triciclos colgados y muñecas, un chinguecito negro, corte casual.
De regreso a las termales, cambio veloz en el carro y nos metimos con vodka y cigarrillo en mano. Tan rico que es cuando uno puede liberar sus vicios sin que haya un sicorrígido detrás de uno apagándole el cigarrillo.
Total, mucho chiste y mucha chanza y el muy pelotudo no tomó ni una foto de mis mil muecas, de manera tal, que esta historia pudo ser cierta como pudo ser producto de mi imaginación.
Estábamos en un punto entre Chía, Guatavita y La Calera, fue la conclusión a la que llegamos. Por decirlo de manera cruda y realista: estábamos perdidos. Pero claro, después de unas cuantas vueltas, llegamos a un paraje pintoresco e inesperado: las termales de guasca. Y, ¿Quién dijo miedo?.
En breve estábamos en estampida en busca del chingue perdido: encontramos, en una tienda con triciclos colgados y muñecas, un chinguecito negro, corte casual.
De regreso a las termales, cambio veloz en el carro y nos metimos con vodka y cigarrillo en mano. Tan rico que es cuando uno puede liberar sus vicios sin que haya un sicorrígido detrás de uno apagándole el cigarrillo.
Total, mucho chiste y mucha chanza y el muy pelotudo no tomó ni una foto de mis mil muecas, de manera tal, que esta historia pudo ser cierta como pudo ser producto de mi imaginación.
martes, 19 de diciembre de 2006
Adiós a los octogenarios
Hoy voy por última vez a Yerbabuena. Yo le digo Yerbamala, aunque parece un insulto, es más un cumplido. Ya saben: yerba mala nunca muere. Me acompaña Paquito, para que todo el proceso sea menos aburrido y más rápido. Llegar, agarrar mis diskettes, los libros que alguna vez llevé y partir. Podría hasta celebrar en Entrepués, este finale de la etapa más estable de mi vida laboral. Debo admitir que me gustaba llegar a la hacienda de Yerbabuena, tumbarme en el pasto y fumarme un cigarrillo mientras el sol calentaba los chazitos metálicos de mis jeans.
La escena podría considerarse bucólica, si no fuera por la decena de personajes en bata azul que salían de la imprenta a eso de las doce. Eso parecía un manicomio. JA!
Me reí mucho cuando un amigo me dijo que desde su casa de Sindamanoy se veía un instituto super raro, ¿eso no es como un manicomio?, me preguntó. -I'm afraid so. Fue lo único que atiné a responder.
La escena podría considerarse bucólica, si no fuera por la decena de personajes en bata azul que salían de la imprenta a eso de las doce. Eso parecía un manicomio. JA!
Me reí mucho cuando un amigo me dijo que desde su casa de Sindamanoy se veía un instituto super raro, ¿eso no es como un manicomio?, me preguntó. -I'm afraid so. Fue lo único que atiné a responder.
lunes, 18 de diciembre de 2006
Un tal Lucas
Lucas está entusado. Hizo un blog para liberar toda la furia reprimida. Parece que le funciona, al menos me dice que se siente más aliviado. Me gustan estos exorcismos virtuales, son una forma de aniquilar fantasmas sin tener que acudir a la clásica gillette.
Mientras escribo este post, chateo con Lucas y se burla porque le dije que me leí un libro buenísimo de superación personal. Me la tenía al rojo, y yo ni siquiera tuve la intención de leerlo: cayó en mis manos motivo corrección de estilo, y pues, de pasadita, me robé uno que otro consejito práctico. Pues Lucas no cabía de la dicha al saberlo porque ahora podría burlarse a sus anchas de la abajo firmante. Yo detesto toda esa new age literature, pero que debemos aceptar que todos tenemos nuestro lado "Daniela Romo". Y mientras más temprano lo aceptemos, mejor.
Lucas habla de su proceso de tusa en el blog (diariotusa.blogspot.com), y (yo como siempre aprovechándome del dolor ajeno) me sirvió para darme cuenta de que los manes también son bien cursis. Que lo oculten en toda su chabacanería y hosquedad es otra cosa. Lo leí, y me adentré en el corazón del pobre Lucas, despechado hasta en las más profundas fibras de su ser.
Debe ser horrible terminar en plena temporada de tutainas tuturumás, de por sí patéticas. Pero tal parece que su proceso lo está llevando hacia una emancipación envidiable.
Mi amigo Lucas, es uno de los pocos que me apoya en los foros de Semana.com, entra, comenta, se enfurece con éste, me critica por aquéllo, pero, a la larga, hace que haya debate y no lánguida lista de comentarios insulsos. Espero que este tal Lucas termine por un buen tiempo, porque cuando los amigos terminan con sus novias, es cuando regresan.
Mientras escribo este post, chateo con Lucas y se burla porque le dije que me leí un libro buenísimo de superación personal. Me la tenía al rojo, y yo ni siquiera tuve la intención de leerlo: cayó en mis manos motivo corrección de estilo, y pues, de pasadita, me robé uno que otro consejito práctico. Pues Lucas no cabía de la dicha al saberlo porque ahora podría burlarse a sus anchas de la abajo firmante. Yo detesto toda esa new age literature, pero que debemos aceptar que todos tenemos nuestro lado "Daniela Romo". Y mientras más temprano lo aceptemos, mejor.
Lucas habla de su proceso de tusa en el blog (diariotusa.blogspot.com), y (yo como siempre aprovechándome del dolor ajeno) me sirvió para darme cuenta de que los manes también son bien cursis. Que lo oculten en toda su chabacanería y hosquedad es otra cosa. Lo leí, y me adentré en el corazón del pobre Lucas, despechado hasta en las más profundas fibras de su ser.
Debe ser horrible terminar en plena temporada de tutainas tuturumás, de por sí patéticas. Pero tal parece que su proceso lo está llevando hacia una emancipación envidiable.
Mi amigo Lucas, es uno de los pocos que me apoya en los foros de Semana.com, entra, comenta, se enfurece con éste, me critica por aquéllo, pero, a la larga, hace que haya debate y no lánguida lista de comentarios insulsos. Espero que este tal Lucas termine por un buen tiempo, porque cuando los amigos terminan con sus novias, es cuando regresan.
Taganga
Después de navidad -y su consabida cena familiar-, quisiera escapar de este nicho polucionado, de la Bogotá emperifollada de navidad. Destino: Taganga. Ya me imagino el paseo, "guerrero" como suele suceder cuando se arma parche multitudinario. "Por entre las tiendas", hasta que un día no muy lejano -y ya mamados de oír el mismo cd porque nadie llevó un cargador de ipod- llegaremos en un estado deplorable después de recorrer mil kilómetros de territorio nacional. Seguro que pararemos a tomarnos el juguito de níspero y la media de ron.
Más rico Taganga, aunque debe estar atestada de pescadores y de alaridos de pescadores a las cuatro de la mañana. Pero suena seductora la idea del hotelito frente al mar, y no ceder a la tentación de la sobrepoblada Cartagena de fin de año. Me parece mejor la idea de despertarme con el sonido de las olas (y de los otros integrantes del trip, trasnochados jugando parqués) que abrir el ojo y asomarme a la plaza de Santo Domingo atestada de cachacos.
El año nuevo, aspiro a pasarlo en el Cabo de la Vela, a medio camino entre la Macuira y el Pilón de Azucar. Y, naturalmente, llevaré mi propio chinchorro, no repito la experiencia de alquilar hamaca XXS. No le hace bien a la columna y no protege de los niños que se pasean por la playa abriendo párpados de turistas trasnochados.
Más rico Taganga, aunque debe estar atestada de pescadores y de alaridos de pescadores a las cuatro de la mañana. Pero suena seductora la idea del hotelito frente al mar, y no ceder a la tentación de la sobrepoblada Cartagena de fin de año. Me parece mejor la idea de despertarme con el sonido de las olas (y de los otros integrantes del trip, trasnochados jugando parqués) que abrir el ojo y asomarme a la plaza de Santo Domingo atestada de cachacos.
El año nuevo, aspiro a pasarlo en el Cabo de la Vela, a medio camino entre la Macuira y el Pilón de Azucar. Y, naturalmente, llevaré mi propio chinchorro, no repito la experiencia de alquilar hamaca XXS. No le hace bien a la columna y no protege de los niños que se pasean por la playa abriendo párpados de turistas trasnochados.
Navidad y su estruendo
Hacía un par de años que no pasaba navidad en Bogotá. Se me había olvidado la sobrepoblación de chivas y el asedio de los atracadores. No es para nada una ciudad amena y acogedora: todo es frenético, grotesco, hostil. Anoche le decía a Paco que deberían erradicar con baygón todas las chivas que circulan por Bogotá con sus vallenatos y con sus personajes asomándose por las ventanas. Sé que no le hacen daño a nadie, pero su sola -colorida y sonora- presencia, atenta contra ciudadanos de bien, inútiles por lo demás, pero de bien.
No siendo suficiente con este enjambre de automotores, pareciera como si hubiera una fiebre iluminadora: cada esquina de cada parqueadero, las ventanas más lejanas de los edificios más altos, los buses, Andino, la calle 85, todos los edificios de la calle 62! están infestados de lucecitas navideñas. Lucecitas y, claro, la chicharra que pretende imitar un villancico con su chillido metálico. Todos compran las lucecitas con chillido incorporado, para darle ambiente navideño al hogar. El problema es que el chillido alcanza decibeles insospechados y puede llegar a despertar a natural born killers dignos de Il Pozzetto.
Una última cosa: los ringtones de los celulares! Cada vez más polifónicos y ultradigitales sound surround... se han programado todos con tonadas navideñas. No sé si pretenden fastidiar a los outsiders que no creen en el niño Dios o qué, pero qué tortura.
No siendo suficiente con este enjambre de automotores, pareciera como si hubiera una fiebre iluminadora: cada esquina de cada parqueadero, las ventanas más lejanas de los edificios más altos, los buses, Andino, la calle 85, todos los edificios de la calle 62! están infestados de lucecitas navideñas. Lucecitas y, claro, la chicharra que pretende imitar un villancico con su chillido metálico. Todos compran las lucecitas con chillido incorporado, para darle ambiente navideño al hogar. El problema es que el chillido alcanza decibeles insospechados y puede llegar a despertar a natural born killers dignos de Il Pozzetto.
Una última cosa: los ringtones de los celulares! Cada vez más polifónicos y ultradigitales sound surround... se han programado todos con tonadas navideñas. No sé si pretenden fastidiar a los outsiders que no creen en el niño Dios o qué, pero qué tortura.
Nieve
La semana pasada empecé a leer Nieve. La compré en Tower y pensé en reseñarla para un periódico de la costa. Me gusta mucho ese periódico y tengo un amigo que trabaja ahí que de vez en cuando me manda saluditos virtuales. Es probable que lo vea este fin de año y que nos tomemos un par de guisquicitos frente al mar. Pero me fui por las ramas -como Cosimo, el baroncito rampante de Calvino-. Estaba hablando de esta novela del ganador turco del Nobel. Me ha costado cogerle el ritmo, no al texto en sí, sino al hecho de abordar una novela entera. Ya me había acostumbrado a las lecturas breves y concisas de los periódicos. Y, debo confesar que volver a la literatura después de un año de ausencia, ha sido relajante.
Quisiera evitar los clisés -me ha llenado el alma, he reencontrado el sentido de la vida- porque no es tan así y porque los libros no le cambian a uno el sentido de nada. Yo creo que los libros son como los bonus de Mario Bross: si los utilizas, tienes más moneditas, pero si no, igual te alcanza el tiempo para pasar al otro mundo. La gente no se muere porque no lea, de hecho, la gente más feliz que he conocido, no ha pasado de un Cohelo mal leído. En mi caso, leo porque me divierte más que jugar cacho o poker (claro, hasta que aprenda bien a jugar, entonces mi discurso se irá al demonio).
Esta novela en particular, me ha parecido muy interesante porque hay guiños permanentes del narrador: sabe que escribe desde el medio oriente para un público occidental. Entonces, todo está centrado en las diferencias, más que en las similitudes. Inmersos en esa realidad paralela, en esa otra cara de la moneda, se entiende la razón de ser del fundamentalismo, sin llegar a justificarlo y se descubre el rostro de ese mundo tan abstracto y tan desdibujado por nuestros propios dogmas católicos.
Y no sigo, porque entonces termino haciendo la reseña acá y prefiero que salga en un espacio remunerado ;)
Adiosito.
Quisiera evitar los clisés -me ha llenado el alma, he reencontrado el sentido de la vida- porque no es tan así y porque los libros no le cambian a uno el sentido de nada. Yo creo que los libros son como los bonus de Mario Bross: si los utilizas, tienes más moneditas, pero si no, igual te alcanza el tiempo para pasar al otro mundo. La gente no se muere porque no lea, de hecho, la gente más feliz que he conocido, no ha pasado de un Cohelo mal leído. En mi caso, leo porque me divierte más que jugar cacho o poker (claro, hasta que aprenda bien a jugar, entonces mi discurso se irá al demonio).
Esta novela en particular, me ha parecido muy interesante porque hay guiños permanentes del narrador: sabe que escribe desde el medio oriente para un público occidental. Entonces, todo está centrado en las diferencias, más que en las similitudes. Inmersos en esa realidad paralela, en esa otra cara de la moneda, se entiende la razón de ser del fundamentalismo, sin llegar a justificarlo y se descubre el rostro de ese mundo tan abstracto y tan desdibujado por nuestros propios dogmas católicos.
Y no sigo, porque entonces termino haciendo la reseña acá y prefiero que salga en un espacio remunerado ;)
Adiosito.
tercer intento
desde hace varios meses he tratado de abrir un blog y de alimentarlo con cierta periodicidad. Pero, claro, después de un tiempo lo abandono -porque me parece muy malo o porque simplemente no tengo la constancia y la dedicación de escribir a diario-.
Y claro, como suele suceder, como le está sucediendo a todos los neobloggers, lo primero que se le ocurre a uno es hablar sobre su propia vida. No hay nada más seductor que contarle a una manada de desconocidos detalles de la vida privada que no le cuenta uno ni a los hermanos.
En este momento, estoy en un café internet de la 60 con 7 y es muuy temprano, son como las nueve y media. Llamé a una vieja de una editorial. Dice que necesita un traductor del inglés al español para una colección de arte. Pagan bien. Yo, claramente, la llamé con el tonito de "sí, me encantaría", pero me parece una jartera.
La señora parece ser muy pero muy gorda, con papada colgante cual pavo y maneras de mecánico. Me divierte verla tan sentada en su pequeño poder con su grandísimo trasero.
Por otro lado, me acabo de enterar de que publicaron una carta en un periódico para el que suelo escribir, criticando un artículo que mandé hace como un mes. La transcribo a continuación para vuestro deleite:
"Vallenato y paramilitares
Resulta ahora que según la señora María Antonia García de la Torre (El Espectador, semana del 26 de noviembre al 2 de diciembre), el fenómeno del paramilitarismo retrata una realidad inocultable del Caribe colombiano. El país conoce muy bien que el paramilitarismo no nació en la Costa Caribe colombiana; por el contrario, todos conocemos hasta la saciedad quiénes fueron los “ideólogos” e impulsadores de ese engendro del demonio.
No acierta ni media la columnista. Es una solemne mentira que no busca sino desacreditar y difundir una imagen negativa de unos artistas que son amados y respetados por todo un pueblo, cuando afirma que en una canción de los Hermanos Zuleta se echan vivas a los paramilitares. La reto a que diga el nombre de esa canción y de la casa disquera que la grabó.
Como sé que no me va a contestar, yo sí quiero contarle al país el desafortunado episodio en el que se vieron involucrados Poncho y Emilianito. No existe ninguna canción ni ninguna grabación legal. Hace unos tres años, les correspondió hacer una presentación en una caseta popular por allá en Astrea, un recóndito pueblo del Cesar. Avanzada la noche, se pusieron a “piqueriar” o a “contrapuntiar”, como lo hacen los llaneros a ritmo de arpa, cuatro y capachos o los antioqueños con sus famosas trovas. Poncho le echaba vainas a Emilianito y éste le contestaba con la misma moneda. Son 15 estrofas con la música de Debajo del palo de mango, y en ninguno de los versos hacen la más mínima alusión a los paracos. El tema de la piquería era que Emilianito, hermano mayor, reconocía que cuando la muchacha es nueva le toca ayudarse con unas pastillitas (viagra); mientras que Poncho, como pollino en celo, se jactaba de su virilidad y decía que a él le bastaba con comerse un guineo maduro.
Total, que antes de iniciar la competencia, se escuchan no unos balazos, como dice la señora García de la Torre, sino tres ráfagas de una ametralladora UZI y en seguida de las ráfagas, Poncho dice: “Nojoda, viva la tierra paramilitar, vivan los paracos”. Alguien grabó las ráfagas y la piquería, sacando un CD pirata que armó cipote alharaca. Poncho, apenado y sintiéndose muy mal, llegó hasta autodesconocerse y a decir que esa no era su voz, cosa que ni siquiera la señora García, una completa ignorante en materia de vallenato y de la realidad sociopolítica del país, le creyó.
Estoy seguro de que en ese pueblito en donde quienes mandaban y mandan son los que sabemos, algún duro se acercó a la tarima y le dijo a Poncho que el Patrón le mandaba a decir que saludara a los paracos. Afortunadamente, Poncho no es pendejo y así lo hizo. Gracias a Dios que fueron inteligentes porque de lo contrario, hoy estaríamos celebrando el Grammy In memoriam".
Me parece tres cosas:
1. Me termina dando la razón.
2. Yo no digo que el fenómeno paramilitar nazca en la costa, digo que cuenta con la complicidad de muchos habitantes del caribe.
3. Como dice por ahí un querido amigo dueño de una revista cultural: "Que hablen bien de uno o que hablen mal, pero que hablen!"
La verdad, tuve la tentación de responderle pero creo que no vale la pena. Ya lo que dije lo dije, y que juzgue mi amada fanaticada (conformada por Kyoto, el perro de mi finca y por el reno de peluche que Orrantia me regaló de navidad).
Yo asumo esa carta como un regalo de navidad, como el grito de un fan que clama por comentar mis columnas y por hacerme saber que me lee y que se documenta para responder a mis afirmaciones. Gracias! querido desconocido!
Y claro, como suele suceder, como le está sucediendo a todos los neobloggers, lo primero que se le ocurre a uno es hablar sobre su propia vida. No hay nada más seductor que contarle a una manada de desconocidos detalles de la vida privada que no le cuenta uno ni a los hermanos.
En este momento, estoy en un café internet de la 60 con 7 y es muuy temprano, son como las nueve y media. Llamé a una vieja de una editorial. Dice que necesita un traductor del inglés al español para una colección de arte. Pagan bien. Yo, claramente, la llamé con el tonito de "sí, me encantaría", pero me parece una jartera.
La señora parece ser muy pero muy gorda, con papada colgante cual pavo y maneras de mecánico. Me divierte verla tan sentada en su pequeño poder con su grandísimo trasero.
Por otro lado, me acabo de enterar de que publicaron una carta en un periódico para el que suelo escribir, criticando un artículo que mandé hace como un mes. La transcribo a continuación para vuestro deleite:
"Vallenato y paramilitares
Resulta ahora que según la señora María Antonia García de la Torre (El Espectador, semana del 26 de noviembre al 2 de diciembre), el fenómeno del paramilitarismo retrata una realidad inocultable del Caribe colombiano. El país conoce muy bien que el paramilitarismo no nació en la Costa Caribe colombiana; por el contrario, todos conocemos hasta la saciedad quiénes fueron los “ideólogos” e impulsadores de ese engendro del demonio.
No acierta ni media la columnista. Es una solemne mentira que no busca sino desacreditar y difundir una imagen negativa de unos artistas que son amados y respetados por todo un pueblo, cuando afirma que en una canción de los Hermanos Zuleta se echan vivas a los paramilitares. La reto a que diga el nombre de esa canción y de la casa disquera que la grabó.
Como sé que no me va a contestar, yo sí quiero contarle al país el desafortunado episodio en el que se vieron involucrados Poncho y Emilianito. No existe ninguna canción ni ninguna grabación legal. Hace unos tres años, les correspondió hacer una presentación en una caseta popular por allá en Astrea, un recóndito pueblo del Cesar. Avanzada la noche, se pusieron a “piqueriar” o a “contrapuntiar”, como lo hacen los llaneros a ritmo de arpa, cuatro y capachos o los antioqueños con sus famosas trovas. Poncho le echaba vainas a Emilianito y éste le contestaba con la misma moneda. Son 15 estrofas con la música de Debajo del palo de mango, y en ninguno de los versos hacen la más mínima alusión a los paracos. El tema de la piquería era que Emilianito, hermano mayor, reconocía que cuando la muchacha es nueva le toca ayudarse con unas pastillitas (viagra); mientras que Poncho, como pollino en celo, se jactaba de su virilidad y decía que a él le bastaba con comerse un guineo maduro.
Total, que antes de iniciar la competencia, se escuchan no unos balazos, como dice la señora García de la Torre, sino tres ráfagas de una ametralladora UZI y en seguida de las ráfagas, Poncho dice: “Nojoda, viva la tierra paramilitar, vivan los paracos”. Alguien grabó las ráfagas y la piquería, sacando un CD pirata que armó cipote alharaca. Poncho, apenado y sintiéndose muy mal, llegó hasta autodesconocerse y a decir que esa no era su voz, cosa que ni siquiera la señora García, una completa ignorante en materia de vallenato y de la realidad sociopolítica del país, le creyó.
Estoy seguro de que en ese pueblito en donde quienes mandaban y mandan son los que sabemos, algún duro se acercó a la tarima y le dijo a Poncho que el Patrón le mandaba a decir que saludara a los paracos. Afortunadamente, Poncho no es pendejo y así lo hizo. Gracias a Dios que fueron inteligentes porque de lo contrario, hoy estaríamos celebrando el Grammy In memoriam".
Me parece tres cosas:
1. Me termina dando la razón.
2. Yo no digo que el fenómeno paramilitar nazca en la costa, digo que cuenta con la complicidad de muchos habitantes del caribe.
3. Como dice por ahí un querido amigo dueño de una revista cultural: "Que hablen bien de uno o que hablen mal, pero que hablen!"
La verdad, tuve la tentación de responderle pero creo que no vale la pena. Ya lo que dije lo dije, y que juzgue mi amada fanaticada (conformada por Kyoto, el perro de mi finca y por el reno de peluche que Orrantia me regaló de navidad).
Yo asumo esa carta como un regalo de navidad, como el grito de un fan que clama por comentar mis columnas y por hacerme saber que me lee y que se documenta para responder a mis afirmaciones. Gracias! querido desconocido!
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