Ayer pasé al frente del Campín y estaba ahí, espléndido, el circo de los Hermanos Gasca. Me acordé del circo al que fui una vez cuando era chiquita. La mujer que se convertía en serpiente, los elefantes, esos animales gigantescos que pensaba que existían sólo en los cartoons. Mientras pasaba por ahí me acordé de unas manzanas gigantes cubiertas de caramelo y de los payasos, octogenarios con pantalones de puntos rojos. Johann, mi amigo que murió el año pasado, había hecho una crónica sobre los hermanos gasca y recuerdo su frustración cuando salió una similar en Gatopardo. Nada peor que dedicarle meses a un texto -que debe ser primicia por definición- y que otro pelafo se le adelante a uno. Los circos de Red Hot Chili Peppers, de Annie Lennox, con malabaristas de mirada perdida, con animales sin color.
Después llegué a mi casa y me prometí que iría antes de que se acaben las funciones. The show must go on.
martes, 13 de febrero de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Publicar un comentario