Lola entra a un casino y pide que le den una ficha de cien marcos. Llega a una mesa con su camiseta de esqueleto azul cielo. Pone sus puños cerrados sobre los labios y contiene la respiración. Al fin se decide y le juega al 20 negro. La bola rueda sobre la ruleta, Lola grita y quiebra las copas, ensordece a la gente. La ruleta sigue rodando con el 20 negro como ganador. Recoge las fichas y pide que le den el dinero mientras todos la miran atónitos, en un silencio de rebaños adormecidos.
Mientras tanto, Manni persigue a un mendigo. Es Run Lola Run, otra vez, en la televisión.
Esas calles me recuerdan Trento, con señales de tránsito casi a ras del suelo, círculo de borde blanco con fondo azul, flecha diagonal blanca apuntando hacia abajo. Puede ser estúpido, pero me aterrorizaba llegar a esa ciudad maravillosa, construida para satisfacer el deleite visual de duquesas de corsés apretados. En las calles me encontraba con los mismos rostros de surcos profundos. Ellos eran animales como nosotros, animales que envejecían y que no vivían felices ahítos de devorar perdices. No miran a los ojos a extraños, miran al infinito, y si alguien se atraviesa en su campo visual, lo atraviesan con la mirada, como si no existiera. Uno se acostumbra a que la piel se vuelva de ectoplasma. Y claro, al volver a esta ciudad de las miradas, a Bogotá, el "eye contact" es insoportable. Los ojos escrutan cada milímetro, acarician, lamen, escrutan lo que no pueden tocar.
La señora que limpia la casa en la que vivo (en la que vivía hace nueve años) tiene un Alfa Romeo. Y, claro, durante ocho horas al día trapea cada esquina de la villa a las afueras de Trento. Parece un país de las maravillas, pero de las maravillas prosaicas, donde todo lo que uno creía inamovible se deforma como los reflejos de los espejos en una ciudad de hierro.
Run Lola Run se acaba. Vuelvo a la realidad bogotana,aunque en mi mente quedará incrustada para siempre esa flecha blanca apuntando al piso.
Manni: "Lola?"
Lola: "Hmh?"
Manni: "Wenn ich jetzt sterben würde, was würdest du tun?"
Lola: "Ich würd dich nicht sterben lassen."
Running One
I wish I was a stranger who wanders down the sky
I wish I was a starship in silence flying by
I wish I was a princess with armies at her hand
I wish I was a ruler who'd make them understand
I wish I was writer who sees what's yet unseen
I wish I was a prayer expressing what I mean
I wish I was a forest of trees that do not hide
I wish I was a clearing no secrets left inside
I wish I was a hunter in search of different food
I wish I was the animal which fits into that mood
I wish I was a person with unlimited breath
I wish I was a heartbeat that never comes to rest
sábado, 24 de febrero de 2007
Al otro lado de la séptima
Hoy salí al mediodía a comprarme una ensalada corral en el Tiger. El sol, como siempre, en su máximo esplendor. Paré en el semáforo de la 59, al lado de invitro. Me hubiera gustado tener una cámara en ese momento pero tuve que conformarme con contemplar una escena que se desvanecería en segundos. Duraría mientras el semáforo para los peatones estuviera en rojo. Al otro lado de la séptima, justo al frente mío, una pareja se abrazaba y jugueteaban, él trataba de besarla, ella de escabullirse. El juego prosiguió y al fin la mujer lo besó con cariño. Como suele ocurrir en las calles bogotanas, no se preocupan por el public display of affection y se comportan como si nadie los estuviera viendo. Sólo les importaba expresar su amor y abrazarse. Al lado de ellos, una monja espera el cambio del semáforo con una bolsa de pan en la mano. No se mueve, sólo mira al frente sin inmutarse de lo que ocurría a su lado. Tal vez se inmutaba, tal vez agarraba con fuerza el paquete y se clavaba las uñas con los puños cerrados. Tal vez los vio, pero no le importó, porque su amor por un hombre clavado de una cruz, podía satisfacer sus requerimientos amorosos y sexuales con la devoción que ningún ser humano podía proporcionarle.
Recordé una conferencia a la que fui cuando tenía unos 16 años, se llamaba "Misticismo y erotismo" y uno de los ponentes era RH Moreno Durán. Durante la conferencia, mencionó una de las finalidades de las túnicas sacerdotales. Según RH, son holgadas para ocultar las erecciones repetidas de los curas.
Mientras pensaba esto, la mujer seguía ahí, al otro lado de la séptima, petrificada, con la mirada clavada en un mundo platónico desprovisto de deseo.
A los pocos segundos, el semáforo cambió. La escena se desintegró, como si los personajes de un cuadro cobraran vida. La pareja se agarró de la mano y cruzó. La monja, dentro de su hábito hermético, hizo lo mismo. Nunca sabré qué pensó, si tal vez nunca se inmutó de lo que ocurría a su lado, o si despertó en ella imágenes perversas.
Recordé una conferencia a la que fui cuando tenía unos 16 años, se llamaba "Misticismo y erotismo" y uno de los ponentes era RH Moreno Durán. Durante la conferencia, mencionó una de las finalidades de las túnicas sacerdotales. Según RH, son holgadas para ocultar las erecciones repetidas de los curas.
Mientras pensaba esto, la mujer seguía ahí, al otro lado de la séptima, petrificada, con la mirada clavada en un mundo platónico desprovisto de deseo.
A los pocos segundos, el semáforo cambió. La escena se desintegró, como si los personajes de un cuadro cobraran vida. La pareja se agarró de la mano y cruzó. La monja, dentro de su hábito hermético, hizo lo mismo. Nunca sabré qué pensó, si tal vez nunca se inmutó de lo que ocurría a su lado, o si despertó en ella imágenes perversas.
lunes, 19 de febrero de 2007
La vida en rosa
Romeo se casa con Julieta, Othello con Desdémona. Ulises vuelve joven y musculoso a los brazos de su Penélope. Werther conquista el amor de su chica. Macbeth y su Lady deciden unirse a Greenpeace y no aniquilan al planeta entero. Es lo que todos quisiéramos, no? Por eso es tan cruel su destino truncado. Si el conde Pátula hubiera reencontrado a su amor después de la guerra... no hubiera existido ese Drácula despiadado. Pero no pasa, porque los colores de rosa, las bombas de colores quedaron relegadas a la franja maldita de la televisión colombiana. La bruta se casa con el rico, el mendigo es hijo de un magnate, ignorante de su destino, cambiado al nacer por el villano de la serie.
Y, como pasa en La rosa púrpura del Cairo, cuando el personaje de la película salta a la vida real, no entiende por qué no se desvanece el mundo cuando besa a su amada. Así son las películas, enfocan el jarrón cuando la pareja tira.
En medio de tantos amores imposibles y de crecer viendo y leyendo ficciones tan ficticias, comprendemos, humildes mortales, que nuestra educación sentimental ha quedado a medias. Sólo sabemos que amar es dramático, que si uno se va a volar con el novio, la madrastra mala va a interceptar el email. Si uno se casa con un moro, la vecina le va a llegar con el chisme de que uno le está poniendo los cuernos. Ese universo inexplorado, el mundo de color de rosa y pajaritos de fondo, nos coge "fuera de base", con una torpeza única en el reino animal.
Si para escribir hay que estar envuelto en una capa pestilente de humo de cigarrillo, íngrimo, lánguido y con la mirada de ternero degollado por un amor no correspondido!
Como lo único que leemos son historias de desencuentros, es lo único que sabemos hacer y lo único sobre lo que escribimos. Malditos poetas malditos! Down with love!
Rico sería saber qué pasa con un Romeo en sus cincuentas, cascarrabias, mientras Julieta friega el piso de la cocina y pone la pasta. Nunca lo sabremos. Esa escena es prosaica, vulgar, indigna.
Se queda uno con la espina incrustada, con un inmenso signo de interrogación atravesado en el cerebro -como el crayón de Homero Simpson- y sólo atina uno a preguntarse a sí mismo: -mí mismo, what if...?
Y, como pasa en La rosa púrpura del Cairo, cuando el personaje de la película salta a la vida real, no entiende por qué no se desvanece el mundo cuando besa a su amada. Así son las películas, enfocan el jarrón cuando la pareja tira.
En medio de tantos amores imposibles y de crecer viendo y leyendo ficciones tan ficticias, comprendemos, humildes mortales, que nuestra educación sentimental ha quedado a medias. Sólo sabemos que amar es dramático, que si uno se va a volar con el novio, la madrastra mala va a interceptar el email. Si uno se casa con un moro, la vecina le va a llegar con el chisme de que uno le está poniendo los cuernos. Ese universo inexplorado, el mundo de color de rosa y pajaritos de fondo, nos coge "fuera de base", con una torpeza única en el reino animal.
Si para escribir hay que estar envuelto en una capa pestilente de humo de cigarrillo, íngrimo, lánguido y con la mirada de ternero degollado por un amor no correspondido!
Como lo único que leemos son historias de desencuentros, es lo único que sabemos hacer y lo único sobre lo que escribimos. Malditos poetas malditos! Down with love!
Rico sería saber qué pasa con un Romeo en sus cincuentas, cascarrabias, mientras Julieta friega el piso de la cocina y pone la pasta. Nunca lo sabremos. Esa escena es prosaica, vulgar, indigna.
Se queda uno con la espina incrustada, con un inmenso signo de interrogación atravesado en el cerebro -como el crayón de Homero Simpson- y sólo atina uno a preguntarse a sí mismo: -mí mismo, what if...?
sábado, 17 de febrero de 2007
Caída del tacón
Paseo por Invitro anoche después de una semana entera buscando la clave del bronceado de las ranas sabaneras. Mario, una tonada tras otra, parecía transportado por los acordes de I will Survive. Después de largas disertaciones, descubrió Rocío que, peor que caerse de la torre es caerse del tacón. Claro, dije yo, resbalarse con una cáscara de plátano, por ejemplo, es un accidente. Caerse del tacón, en cambio, implica hacer el ridículo por haber buscado un descalabro de esas proporciones.
La caída del tacón, que obliga a la damnificada a cojear con el taco en la mano, revela que le vendieron -o que compró deliberadamente- tacones versace chiviados. Incómodo y humillante caminar -como quien no quiere la cosa- con un pie trepado en 15 centímetros, y con el otro pie haciendo el esfuerzo de llegar a ese mismo nivel, sin apoyo alguno.
El ridículo estrella -sí, hay uno peor-, ocurre cuando el tacón no se rompe pero queda incrustado en una rendija del piso. La pobre señorita queda anclada, sin poderse desprender del suelo, clavada con toda su miserable existencia, sin poder disimular el aprieto del que no puede librarse.
El tacón cuadrado, dice Rocío, hasta se lo arregla a uno un zapatero. El tacón puntilla ya es otro paseo, perdiendo para siempre la inversión irrisoria en una copia mal armada de los Versace anhelados.
Peligroso caerse desde lo alto de un tacón, patético confesar que todo es culpa de la señorita pretenciosa, cabalgando en escarpines de poca monta.
Hay que cuidar el tacón, para incrustarlo en hígados de personajes que parecen salidos de una película de Woody Allen.
La caída del tacón, que obliga a la damnificada a cojear con el taco en la mano, revela que le vendieron -o que compró deliberadamente- tacones versace chiviados. Incómodo y humillante caminar -como quien no quiere la cosa- con un pie trepado en 15 centímetros, y con el otro pie haciendo el esfuerzo de llegar a ese mismo nivel, sin apoyo alguno.
El ridículo estrella -sí, hay uno peor-, ocurre cuando el tacón no se rompe pero queda incrustado en una rendija del piso. La pobre señorita queda anclada, sin poderse desprender del suelo, clavada con toda su miserable existencia, sin poder disimular el aprieto del que no puede librarse.
El tacón cuadrado, dice Rocío, hasta se lo arregla a uno un zapatero. El tacón puntilla ya es otro paseo, perdiendo para siempre la inversión irrisoria en una copia mal armada de los Versace anhelados.
Peligroso caerse desde lo alto de un tacón, patético confesar que todo es culpa de la señorita pretenciosa, cabalgando en escarpines de poca monta.
Hay que cuidar el tacón, para incrustarlo en hígados de personajes que parecen salidos de una película de Woody Allen.
jueves, 15 de febrero de 2007
Lluvia con nieve (y tráfico...)
Desde ayer recuperé la ciudad perdida. La Bogotá hundida en los recuerdos, de cielo gris y pasajeros enterrados en sus tumbas rojas sobre ruedas. Vuelve la lluvia, en principio purificadora, pero en este caso agresiva como un gato al que le rascan la panza.
Detrás está la tele, una película brasileña que confundí con Gato Negro, Gato Blanco de Kusturica. Detrás de la pantalla del laptop, una figura difusa que me habla a través de letreros. El maravilloso chat, faraway so close. Nice.
Indago sobre el bronceado de las ranas arlequín, esculco la caja de Pandora, llamado por los fieles paganos "Google". Saltan ranas por doquier, sapos toro, elegantes sílfides de colores fosforecentes.
Los ojos se cierran por madrugones a los que no me acostumbro. Las seis son para dormir! Para darse vuelta y reacomodarse entre las cobijas y las almohadas. Bueno, nada qué hacer en un país devoto de la Santísima trinidad: Madrugar, trabajar, orar.
No cumplo la tercera, por un dogma que me impide imaginar un todopoderoso revisándome con su webcam, a ver si fui piadosa y misericordiosa.
Mañana será otra lluvia, otro pilates con bolita azul, otro encuentro impredecible.
Detrás está la tele, una película brasileña que confundí con Gato Negro, Gato Blanco de Kusturica. Detrás de la pantalla del laptop, una figura difusa que me habla a través de letreros. El maravilloso chat, faraway so close. Nice.
Indago sobre el bronceado de las ranas arlequín, esculco la caja de Pandora, llamado por los fieles paganos "Google". Saltan ranas por doquier, sapos toro, elegantes sílfides de colores fosforecentes.
Los ojos se cierran por madrugones a los que no me acostumbro. Las seis son para dormir! Para darse vuelta y reacomodarse entre las cobijas y las almohadas. Bueno, nada qué hacer en un país devoto de la Santísima trinidad: Madrugar, trabajar, orar.
No cumplo la tercera, por un dogma que me impide imaginar un todopoderoso revisándome con su webcam, a ver si fui piadosa y misericordiosa.
Mañana será otra lluvia, otro pilates con bolita azul, otro encuentro impredecible.
martes, 13 de febrero de 2007
El circo de la treinta
Ayer pasé al frente del Campín y estaba ahí, espléndido, el circo de los Hermanos Gasca. Me acordé del circo al que fui una vez cuando era chiquita. La mujer que se convertía en serpiente, los elefantes, esos animales gigantescos que pensaba que existían sólo en los cartoons. Mientras pasaba por ahí me acordé de unas manzanas gigantes cubiertas de caramelo y de los payasos, octogenarios con pantalones de puntos rojos. Johann, mi amigo que murió el año pasado, había hecho una crónica sobre los hermanos gasca y recuerdo su frustración cuando salió una similar en Gatopardo. Nada peor que dedicarle meses a un texto -que debe ser primicia por definición- y que otro pelafo se le adelante a uno. Los circos de Red Hot Chili Peppers, de Annie Lennox, con malabaristas de mirada perdida, con animales sin color.
Después llegué a mi casa y me prometí que iría antes de que se acaben las funciones. The show must go on.
Después llegué a mi casa y me prometí que iría antes de que se acaben las funciones. The show must go on.
domingo, 11 de febrero de 2007
El lector compungido
Tengo un antifan fiel: Karl2002. Se trata de un individuo dedicado a dejar insultos deliciosos al final de mis columnas de El Tiempo. Ha tenido la osadía, addirittura, de insultar a mi madre en sus columnas. ¿Será que me aporrea porque me quiere? Creo yo que más bien me aporrea porque quiere que un día se cambien los papeles: que sea él quien escriba columnas. Claro que, con esa actitud, querido NN, no vas a llegar a ningún Pereira. El resentimiento social e intelectual dejó de estar de moda en los sesentas.
Dejo esta columna inédita (ya sólo saldrá acá) sobre los foros virtuales de Semana.com, "Ser jóven en Colombia". Salúd.
Los foros de eltiempo.com se han vuelto un espacio para insultar a los columnistas, afirma Daniel Samper. Tiene razón. El otro espacio de participación de los lectores, los comentarios al final de cada columna, se han quedado en ese nivel primario de madrazos injustificados. No se ha superado la fase del insulto y de las opiniones despectivas. En ese caso, es necesario regular el tono que utilizan los lectores. Es interesante leer las críticas frente a lo que uno escribe, pero ya no es tan enriquecedor cuando se trata de afirmaciones que atacan a la persona y no a sus argumentos. En ambos casos, el columnista o moderador se pone como carne de cañón frente a una multitud enardecida. Debido a que cualquier persona que tenga acceso a Internet puede participar, habrá que regular un foro democrático en el sentido cabal de la palabra. Los pros, un debate con puntos de vista inesperados e innovadores, los contras, insultos enmascarados en identidades falsas.
Cabe preguntarse, sin embargo, qué tanta injerencia tiene el moderador en la calidad de un foro. Está visto que un espacio de opinión abierto a los lectores, debe enfrentar una serie de dificultades cuya superación define el nivel de los debates. Semana.com ha instaurado ciertas reglas del juego que garantizan, de entrada, el respeto de los foristas al moderador y entre ellos mismos. El participante que insulte, difame o utilice un lenguaje soez, será bloqueado a la tercera advertencia. Esta herramienta permite que los debates se centren en el nivel de argumentación y no en el color de los insultos. Claro está, explotar esa herramienta depende únicamente de la dedicación y de la paciencia del moderador.
Hay que tener presente que un foro virtual no requiere la misma dedicación de un foro “real”, pero sí es fundamental mantener actualizado el debate y no dejarlo a la deriva. La racha inicial de insultos se depura a medida que los saboteadores se aburren y a medida que se dan cuenta de lo interesante que es debatir sin insultar. Si los foristas entran y se dan cuenta del tono subido que utilizan los demás, y el moderador brilla por su ausencia, actúan con vandalismo, como si entraran a un almacén sin vendedores ni seguridad.
Después de unos cuantos meses, se depurará el nivel del debate y la cantidad de participantes: el espacio de discusión se convierte en una comunidad virtual en la que ya no será necesaria la represión –el bloqueo de un usuario- pues ya ellos mismos reprenderán, no sólo a los que insulten, sino a aquellos que traten de sabotear el debate al desviar el tema.
Unos seis meses después, logra instaurarse un espacio de debate, con unos diez participantes fijos. Los participantes acentúan sus opiniones en el foro y suele ocurrir que dos de ellos tomen posiciones antagónicas y lideren el debate para luego cederlo a otros dos participantes. Esta dinámica es espontánea y se alcanza cuando ya no es un imperativo frenar los insultos inoficiosos. El foro Ser joven en Colombia, pasó por ese proceso. El primer estadio es el de anarquía total, y sólo después de un tiempo el mural de graffitis obscenos se vuelve un centro de discusión virtual donde lectores y periodistas pueden intercambiar opiniones interesantes y depuradas. El espacio que ofrecen los medios de comunicación, como El Tiempo y Semana, en Internet, es tan útil como desconocido. Y su desconocimiento puede derivar en que nunca se explote a cabalidad una herramienta desde la que se puede instaurar un debate pluralista. Depende, entonces, del moderador la calidad de una herramienta de doble filo.
Dejo esta columna inédita (ya sólo saldrá acá) sobre los foros virtuales de Semana.com, "Ser jóven en Colombia". Salúd.
Los foros de eltiempo.com se han vuelto un espacio para insultar a los columnistas, afirma Daniel Samper. Tiene razón. El otro espacio de participación de los lectores, los comentarios al final de cada columna, se han quedado en ese nivel primario de madrazos injustificados. No se ha superado la fase del insulto y de las opiniones despectivas. En ese caso, es necesario regular el tono que utilizan los lectores. Es interesante leer las críticas frente a lo que uno escribe, pero ya no es tan enriquecedor cuando se trata de afirmaciones que atacan a la persona y no a sus argumentos. En ambos casos, el columnista o moderador se pone como carne de cañón frente a una multitud enardecida. Debido a que cualquier persona que tenga acceso a Internet puede participar, habrá que regular un foro democrático en el sentido cabal de la palabra. Los pros, un debate con puntos de vista inesperados e innovadores, los contras, insultos enmascarados en identidades falsas.
Cabe preguntarse, sin embargo, qué tanta injerencia tiene el moderador en la calidad de un foro. Está visto que un espacio de opinión abierto a los lectores, debe enfrentar una serie de dificultades cuya superación define el nivel de los debates. Semana.com ha instaurado ciertas reglas del juego que garantizan, de entrada, el respeto de los foristas al moderador y entre ellos mismos. El participante que insulte, difame o utilice un lenguaje soez, será bloqueado a la tercera advertencia. Esta herramienta permite que los debates se centren en el nivel de argumentación y no en el color de los insultos. Claro está, explotar esa herramienta depende únicamente de la dedicación y de la paciencia del moderador.
Hay que tener presente que un foro virtual no requiere la misma dedicación de un foro “real”, pero sí es fundamental mantener actualizado el debate y no dejarlo a la deriva. La racha inicial de insultos se depura a medida que los saboteadores se aburren y a medida que se dan cuenta de lo interesante que es debatir sin insultar. Si los foristas entran y se dan cuenta del tono subido que utilizan los demás, y el moderador brilla por su ausencia, actúan con vandalismo, como si entraran a un almacén sin vendedores ni seguridad.
Después de unos cuantos meses, se depurará el nivel del debate y la cantidad de participantes: el espacio de discusión se convierte en una comunidad virtual en la que ya no será necesaria la represión –el bloqueo de un usuario- pues ya ellos mismos reprenderán, no sólo a los que insulten, sino a aquellos que traten de sabotear el debate al desviar el tema.
Unos seis meses después, logra instaurarse un espacio de debate, con unos diez participantes fijos. Los participantes acentúan sus opiniones en el foro y suele ocurrir que dos de ellos tomen posiciones antagónicas y lideren el debate para luego cederlo a otros dos participantes. Esta dinámica es espontánea y se alcanza cuando ya no es un imperativo frenar los insultos inoficiosos. El foro Ser joven en Colombia, pasó por ese proceso. El primer estadio es el de anarquía total, y sólo después de un tiempo el mural de graffitis obscenos se vuelve un centro de discusión virtual donde lectores y periodistas pueden intercambiar opiniones interesantes y depuradas. El espacio que ofrecen los medios de comunicación, como El Tiempo y Semana, en Internet, es tan útil como desconocido. Y su desconocimiento puede derivar en que nunca se explote a cabalidad una herramienta desde la que se puede instaurar un debate pluralista. Depende, entonces, del moderador la calidad de una herramienta de doble filo.
sábado, 10 de febrero de 2007
Colombian Splendor
La Latina antenoche. Después de un rato en Eleven en un plan un poco desorientador, con encuentro incómodo con ex a bordo. Nada peor. Sabia decisión partir hacia este bar de la 82 con 20, con lecaritos y Jose. Si no fuera por las noches de Bogotá, por el caos contenido, nuestro esplendor se opacaría como la corona de latón de miss colombia, 1956.
Godot
Otro sábado, igual a los anteriores. No hay más flores en el jardín ni desórdenes nuevos en mi habitación. Aumenta el cansancio por la espera, una espera interminable y agotadora. Pero nada más puede hacerse. No puedo decir que me hayan impuesto esta espera desesperante. Lo escogí yo. Los minutos pasan, cambio canales, las sombras desfilan por las paredes blancas, se oculta el sol pero el tiempo no pasa.
Catorce cigarrillos por minuto, dos momentos de distracción.
Y todo sigue igual, a pesar de las luces de los semáforos y de los ladrones de billeteras de la Caracas.
Nos acostumbramos a esperar, nos imponemos salas de espera en todas las circunstancias de la vida, esperamos que llegue el día en el que podamos migrar, esperamos encontrar una persona que satisfaga los requerimientos paternos y los requerimientos propios. Pero no aparece, no llega, como si el botón de PAUSE se hubiera atascado, como si esperar fuera una constante ineludible. Millones de Marios Bros, en PAUSE, con una bola de fuego a un milímetro de la cara. Las bolas de fuego que lanza Koopah (así se llamaba?) mientras el enanito de bigote y gorra roja se da cuenta de que nunca pasará el castillo y de que nunca rescatará a la princesa. Ni Mario, ni Luigi, y la princesita cándida y encandilada y encadenada se quedará a hacerle compañía al dragón del castillo. Las flores psicodélicas se consiguen a la vuelta de la esquina.
Catorce cigarrillos por minuto, dos momentos de distracción.
Y todo sigue igual, a pesar de las luces de los semáforos y de los ladrones de billeteras de la Caracas.
Nos acostumbramos a esperar, nos imponemos salas de espera en todas las circunstancias de la vida, esperamos que llegue el día en el que podamos migrar, esperamos encontrar una persona que satisfaga los requerimientos paternos y los requerimientos propios. Pero no aparece, no llega, como si el botón de PAUSE se hubiera atascado, como si esperar fuera una constante ineludible. Millones de Marios Bros, en PAUSE, con una bola de fuego a un milímetro de la cara. Las bolas de fuego que lanza Koopah (así se llamaba?) mientras el enanito de bigote y gorra roja se da cuenta de que nunca pasará el castillo y de que nunca rescatará a la princesa. Ni Mario, ni Luigi, y la princesita cándida y encandilada y encadenada se quedará a hacerle compañía al dragón del castillo. Las flores psicodélicas se consiguen a la vuelta de la esquina.
jueves, 8 de febrero de 2007
Calentamiento Brutal
Después de ocho horas de sol, de siete horas y media esquivando el sol, quedé medio deshidratada, medio enfurecida... o debería decir emputada? Seguro que sí, pero dejemos el término polite, decente, el que uno utiliza después del empute: enfurecida, furiosa, fúrica.
Traté de leer la prensa, que sólo me decía lo que mi cara confirmaba: calentamiento global, vacas sin pasto en la sabana cundiboyacense, flores rostizadas con el frío. Nada nuevo -paradojica y tristemente- bajo el sol. La mente se turba, ya saben, como en tardes de sol playero: sólo quiere unA leerse una revista con más fotos que texto y tumbarse en la sombra. Sí, lo sé, es estúpido ir a la playa a esconderse debajo de un parasol o de una palmera. Pero el sol no me trata bien, me saca pequitas alrededor de los ojos y no hay nada peor en la vida que las pecas estilo Heidi de las praderas.
Nunca pensé que me hartaría del sol en Bogotá. Pero parece como si cada día quisiera quedarse unos minutos más y más. Como esos soles de verano florentino, carajo qué horror, ala! El sol en la pupila hasta las nueve de la noche!! Y ni qué decir cuando se está en una autopista, yendo hacia el occidente. La pupila perforada es lo mínimo que uno debe esperar.
Hasta hicieron playas artificiales en Bogotá, en esta ciudad tan endemoniadamente alejada de todo asomo de mar. Pero bueno, such is life in the fuckin' tropics, como dice un amigo. Nada debería asombrarnos, ni siquiera que ahora uno pueda pasearse con chingue por la séptima.
Lo bueno de esta oleada de calor es que podremos ver a Bogotá, POR FIN, en Google Earth.
El sol se ocultó, por fin.
Traté de leer la prensa, que sólo me decía lo que mi cara confirmaba: calentamiento global, vacas sin pasto en la sabana cundiboyacense, flores rostizadas con el frío. Nada nuevo -paradojica y tristemente- bajo el sol. La mente se turba, ya saben, como en tardes de sol playero: sólo quiere unA leerse una revista con más fotos que texto y tumbarse en la sombra. Sí, lo sé, es estúpido ir a la playa a esconderse debajo de un parasol o de una palmera. Pero el sol no me trata bien, me saca pequitas alrededor de los ojos y no hay nada peor en la vida que las pecas estilo Heidi de las praderas.
Nunca pensé que me hartaría del sol en Bogotá. Pero parece como si cada día quisiera quedarse unos minutos más y más. Como esos soles de verano florentino, carajo qué horror, ala! El sol en la pupila hasta las nueve de la noche!! Y ni qué decir cuando se está en una autopista, yendo hacia el occidente. La pupila perforada es lo mínimo que uno debe esperar.
Hasta hicieron playas artificiales en Bogotá, en esta ciudad tan endemoniadamente alejada de todo asomo de mar. Pero bueno, such is life in the fuckin' tropics, como dice un amigo. Nada debería asombrarnos, ni siquiera que ahora uno pueda pasearse con chingue por la séptima.
Lo bueno de esta oleada de calor es que podremos ver a Bogotá, POR FIN, en Google Earth.
El sol se ocultó, por fin.
lunes, 5 de febrero de 2007
Sol en el ojo y Manu en la cartera
Hoy llegué a la una de la tarde a mi recinto monacal. El sol arreciaba como nunca. A pesar de esquivarlo con bloqueadores factor 45 y con sombrillas dieciochescas, volví a casa, otra vez, con las mejillas y la nariz enrojecidas y adoloridas.
Estuve toda la tarde, como se ha vuelto costumbre, leyendo en la hacienda del difunto Rufino. Guillo me pasó una novela, quiere que haga una reseñita para el viernes. Se llama "Nuestras vidas son los ríos" de Jaime Manrique. Es la vida de Manuelita, la amante aguerrida incrustada en paraísos tropicales. Al principio me pareció acartonado el tono, los términos, pero, a medida que descendía el sol en la Sabana de Bogotá, se me hizo más real, menos artificiosa.
Así pasó la tarde, en medio de revolcones de alcoba entre el prócer (tal vilipendiado ahora por chávez) y su Manuelita.
Como llegué después del mediodía, sendos octogenarios se mordieron los codos en señal de duelo pero, sobretodo de ira. La culicagada otra vez desafiando los horarios inquebrantables de la honorable hacienda.
Yo sigo de largo, me tapo los ojos, los oídos y la boca. No oigo ni veo ni entiendo, llego a mi recinto sagrado y me entrego a las delicias de la lectura con un buen paquete de kool al lado.
Estuve toda la tarde, como se ha vuelto costumbre, leyendo en la hacienda del difunto Rufino. Guillo me pasó una novela, quiere que haga una reseñita para el viernes. Se llama "Nuestras vidas son los ríos" de Jaime Manrique. Es la vida de Manuelita, la amante aguerrida incrustada en paraísos tropicales. Al principio me pareció acartonado el tono, los términos, pero, a medida que descendía el sol en la Sabana de Bogotá, se me hizo más real, menos artificiosa.
Así pasó la tarde, en medio de revolcones de alcoba entre el prócer (tal vilipendiado ahora por chávez) y su Manuelita.
Como llegué después del mediodía, sendos octogenarios se mordieron los codos en señal de duelo pero, sobretodo de ira. La culicagada otra vez desafiando los horarios inquebrantables de la honorable hacienda.
Yo sigo de largo, me tapo los ojos, los oídos y la boca. No oigo ni veo ni entiendo, llego a mi recinto sagrado y me entrego a las delicias de la lectura con un buen paquete de kool al lado.
viernes, 2 de febrero de 2007
El tío de Seth
Antenoche encontré en Tower la última novela (más testimonio que otra cosa) de Vikram Seth. Se llama "Dos vidas". Hacía varios años no me esclavizaba en una lectura de esa manera. Las páginas están impregnadas de guerra, de la segregación judía en Alemania. Todo esto, fruto de un baúl que Vikram encuentra en el ático de la casa de Shanti, su tío. Aunque es desgarrador el hiperrealismo con el que se describe ese momento hasta el menor detalle, siempre existe esa esperanza de Shanti de reencontrarse con Henny.
Un indio y una judía alemana. Por azares de la historia se separan durante una década. Qué los une? Unas pocas cartas que sobreviven, que atraviesan el continente, que superan controles y ataques. Cuesta hablar de esta novela, porque es como haber presenciado lo que ellos vivieron.
Un indio y una judía alemana. Por azares de la historia se separan durante una década. Qué los une? Unas pocas cartas que sobreviven, que atraviesan el continente, que superan controles y ataques. Cuesta hablar de esta novela, porque es como haber presenciado lo que ellos vivieron.
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