Después de un viaje relámpago al corralito de piedra, volví con unas cuantas muelas de cangrejo en el duodeno y un jetlag del que no me repongo. Estuve en pocos conversatorios porque de un día para otro, no sólo es inhumano sino imposible mantenerme despierta. Llegué a las 8 de la mañana a dormir. El hotel estaba bien, al menos esta vez no tenía que esquivar un mico para llegar a mi habitación. Tiempos aquellos del Hotel Central.
Boté mi morral en el piso y me eché a dormir toda la mañana. No fui a ver al ilustrísimo nobel nigeriano, pero mi queridísimo Espinosa hizo una reproducción bastante cercana del tono de su voz y de su mirada circunspecta. Ya al medio día me metí a un debate entre Enrique Santos y Sir Simon Jenkins. El debate, dentro de un recito del Claustro de Santo Domingo, con un aire acondicionado adecuado para esquimales, giró en torno al periodismo del siglo xxi.
Los periodistas le tienen pánico al internet, decían. Un temor ancestral. Temen que la prensa escrita muera de una vez y para siempre. Hasta mencionaron que The Economist ya había vaticinado cuándo moriría el último lector de periódicos: en 2047. Si llegara a ser cierto, Won Kar Wai se habría descachado por un año. Mi opinión personal, subjetiva etcétera, es que internet es una herramienta. Las herramientas no son buenas ni malas. Es el hombre quien las pone a su disposición. Ahora, si el hombre no sabe ni siquiera dónde está parado, entonces no sabrá usar esta herramienta. Y sería el fin. Mentiras, tampoco se trata de ser fatalistas.
Creo que la prensa escrita ha sobrevivido a cosas peores, como el desinterés de los lectores. Pero mientras haya un sólo individuo interesado en saber qué pasa más allá de su casa y de las montañas que rodean su ciudad, existirá el periodismo. Delete.
lunes, 29 de enero de 2007
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3 comentarios:
Comentario al articulo:"¿Qué hay de nuevo en Macondo?." (Publicado en el Tiempo, y republicado en newsvine.com)
Si en un instante se pudiera condensar la cómoda mentira de decir que el pequeño paraíso es verdadero, seria para falsear la realidad apretada y pequeña de sentir a Bogotá como universal.
Como gotas que desangran al mas fuerte, lo opulencia de ser lo que no es menoscaba esa “alianza por el progreso”.
Siguen las horas, siguen los días, ahora todo es “mas lindo!” en Bogotá, el noticiero presenta de nuevo el baldado de sangre y mentiras que a todos ocupa, tranquiliza y exhorta.
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