lunes, 16 de abril de 2007

Lumbago mental

Casi un mes con el cuello paralizado. Ya empiezo a creer que existe una suerte de maldición chamánica que se desata antes de mitad de año y que siempre está relacionada con la zona que sostiene mi cabeza. Esto, claro está, desestabiliza mi ciclo de sueño, las horas de trabajo, el outfit. Ayer me puse un parche león. Lo más ochentero del mundo. Pero funciona, más que la fisioterapia, más que la bolsa de gel azul congelada.
La naturaleza siempre tiene una manera ingeniosa de demostrarnos, una vez más, que somos un puntico en el universo y que ese puntico, además, puede partirse el cuello en un parpadeo. El carro frena, se choca, la vértebra se desarticula, y se acaba el show. No suena reconfortante si se tiene en cuenta que se trata de los amos del planeta Tierra. Otro moco en el universo, pero bueno, hasta una bacteria debe pavonearse en el meñique de un pordiosero, convencida de su omnipotencia.
O que lo diga el que no sabía si ser o no ser. Él andaba muy consciente de que hasta en una cáscara de nuez se sentiría el rey del universo.

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